Muchos Países cuentan con todos los recursos económicos para sostener su actual sistema de salud, otras pueda que no con abundancia, pero son planificados adecuadamente según sus necesidades, pero a pesar de ello, hay entre nosotros desde hace muchos años, el mayor riesgo para la Seguridad del Paciente, “la AVARICIA” la Real Academia Española lo define como “El Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas”, y que actualmente sigue acrecentándose, desde los que se encargan de hacer las normas, buscando el beneficio propio y no la de una nación, reciben dadivas de las grandes aseguradoras e industria acomodando la norma a sus intereses.

Varias aseguradoras u organismos administradores de salud, que atesoran los recursos de salud, pero no con el fin de beneficiar a los pacientes, si no de invertirlos en objetivos distintos a la salud, para generar mayor riqueza en su beneficio propio e individual y por encima de lo que puede pasar con la atención en salud de los pacientes, donde se dejan de girar dineros obligatorios para la continuidad en la atención en salud, necesarios para invertir en infraestructura, dotación, personal y procesos. Las presiones a los trabajadores para cumplir metas en ahorro de recursos, para no autorizar pagos, para no autorizar o prolongar la realización de procedimientos y ayudas diagnosticas a pacientes, induciéndolos al riesgo de deterioro de su diagnóstico. Los ridículos beneficios otorgados a directivos y subdirectivas en contradicción con la carencia de condiciones laborales a las enfermeras, afectando directamente la seguridad del paciente.

En muchas instituciones de salud los accionistas solo piensan en que cada año deben de recibir más dividendos, sin tener en cuenta cuanto se debe invertir para garantizar una atención segura a los pacientes y sus administradores preocupados en cómo generar más dividendo van tomando prácticas inseguras que ponen en riesgo a los pacientes, como la disminución del personal asistencial, aun mas grave cuando se dejan de prestar servicios de salud sensibles para pacientes más vulnerables, olvidando la responsabilidad social que tienen frente a la sociedad, solo porque generan pérdidas, reusando dispositivos médicos sin el consentimiento informado del paciente y en contra de las normas que lo impiden.

Por otra parte algunas sociedades médicas cada vez exigen mayores recursos por sus atenciones y algunos abusan de su posición dominante para exigir sumas que se salen de la realidad, sin ningun sentido de solidaridad por las enfermeras, acrecentando la brecha salarial entre médicos y estas, otros reciben recursos y participaciones en eventos académicos de la industria farmacéutica con tal de que formulen sus medicamentos, administradores, gerentes y socios colocándose sueldos que sobrepasan las realidades y escases de recursos en las instituciones.

Aunque para muchos no sea relevante, haciendo un análisis más profundo, todas estas prácticas inseguras ponen en riesgo la seguridad del paciente, que de un modo a otro causan incidentes y eventos adversos, un ejemplo en Colombia, El 54% de las defunciones reportadas en la población colombiana durante el periodo 1998-2011, pueden ser consideradas como muertes evitables, de las 2’677.170 muertes registradas en el período estudiado, 1’427.535 de ellas (es decir un 53%), ocurrieron por causas evitables según el estudio de Mortalidad evitable en Colombia 1998-2001, elaborado por el Observatorio Nacional de Salud (ONS) del Instituto Nacional de Salud. Lo que nunca debió ocurrir si se hubiesen implementado intervenciones oportunas, pertinentes y seguras en los servicios de salud y políticas públicas enfocadas a todos los sectores, que lograran garantizar una atención más segura para la población y menos expresiones de avaricia en la cara de muchos políticos y directivos.

Otro ejemplo son los absurdos costos y competencia por la nueva vacuna del COVID-19, asunto que deja a los países menos desfavorecidos en la última línea para poder ser vacunados, en vez de pensar en una distribución más equitativa, la pandemia ha sacado a relucir grandes problemas con las condiciones laborales y los pagos a enfermeras, sometiéndolas a largas jornadas de trabajo sin importar el riesgo para los pacientes, muchas enfermeras han enfermado o fallecido y otras siguen sometidas a los caprichos de sus dirigentes y políticos sin aceptar ninguna sus exigencias, que justifican y sustentan cientificamente para la mejora de la seguridad de los pacientes.

Compartir en

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.